Para la asesora de arte y diseño Rafaela Maggiolo, San Isidro es un territorio de la memoria y los afectos. Ahí nació ella, ahí viven sus padres, y ahí es donde ha pasado diferentes etapas de su vida, incluido el depa que ocupa en lo últimos años y que es reflejo de su curada estética personal y su particular comprensión del arte en el espacio. Por eso, su selección de lugares preferidos nos conduce por rutas que combinan lo cultural con lo nostálgico.



La Galería
Un clásico del quehacer cultural, no solo en San Isidro, sino en Lima. Para Rafaela, La Galería es un espacio que inserta el arte contemporáneo en la cotidianidad del barrio. Su programación reúne pintura, escultura, ensamblaje y fotografía, acercando al público a artistas consolidados y nuevos talentos. En este espacio, Rafaela presentó recientemente “Entre visiones”, junto con el fotógrafo Mariano Zuzunaga, una muestra que puso en diálogo dos generaciones y diez años de producción fotográfica.
Calle Conde de la Monclova 255.


Huaca Santa Cruz
Historiadora de arte de formación, Rafaela encuentra en este sitio arqueológico prehispánico un chispazo de profundidad dentro de la trama urbana. “Pasar junto a una edificación precolombina como parte de tu cotidiano es algo que te recuerda que estamos en el Perú, y coloca la ciudad en perspectiva histórica de manera automática”, asegura. Aunque está parcialmente oculta entre edificios y rejas, la Huaca Santa Cruz transforma la mirada de quien la encuentra. Y es que una de los aspectos más interesantes del barrio es que la vida moderna transcurre en paralelo con rincones que transportan al pasado.
Av. Belén, junto a la Residencial Santa Cruz.

Edificio de Teodoro Cron
La valoración por los espacios con historia de Rafaela se detiene en el edificio José Granda, diseñado por el arquitecto suizo Teodoro Cron. Además de ser la última obra que Cron diseñó y construyó en el Perú, el edificio fue también la casa de Maggiolo desde los 13 hasta los 28 años, y es aún hoy el hogar de sus padres. Esa relación emocional le permite entenderlo desde una perspectiva completa. “Es una lección de cómo vivir el espacio”, dice. “Fue un proyecto adelantado a su tiempo, con departamentos estudio de doble altura, en una época donde aún se hacían grandes casas familiares”. Hoy en día, es un edificio que representa una experiencia residencial estrechamente vinculada con la identidad de San Isidro: una arquitectura moderna, sensible y pensada para la vida cotidiana.
Calle José Granda.

Casa Museo Marina Núñez del Prado
En pleno bosque El Olivar, la antigua casa-taller de la escultora boliviana conserva algo excepcional: la intimidad de un espacio doméstico convertido en escenario creativo. El jardín de esculturas y el espíritu de la Casa Museo Marina Núñez del Prado traen a Rafaela memorias de sitios como la casa de Frida Kahlo y Diego Rivera, en Ciudad de México.
Calle Ántero Aspíllaga 300.

Panadería del Country
A pocos minutos a pie, aparece la panadería del hotel Country, un lugar en el que Rafaela suele disfrutar de un buen café con un croissant o un enrollado de canela en medio de reuniones casuales y momentos de calma. Sus mesas exteriores y la relación con la calle lo hacen un lugar ligero y agradable, mientras que la vista del histórico hotel es, para Maggiolo, “una estampa reconociblemente sanisidrina”.
Calle Los Eucaliptos 590.

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Si te gusta la combinación del encanto tradicional, que se siente de toda la vida, con las calles tranquilas, los parques y la oferta cultural de San Isidro, tienes que conocer el Armando de Parque Dammert.