El taller del artista visual Jorge Eduardo Maita ocupa lo que fue el garaje de una casona de techos altos en Magdalena. Cada día, luego del café de la mañana, llega caminando o en bicicleta, y desarrolla sus proyectos entre óleos, pinceles, paletas, cartones, yesos y concreto. Pero el verdadero insumo del artista es la historia del Perú.



Jorge Eduardo es autor de obras críticas, en las cuales los monumentos o pasajes históricos buscan abrir espacios de discusión, a partir del cuestionamiento y la reflexión. “El principal interés de mi trabajo es discutir cómo funcionamos como colectividad y, a partir de eso, cómo funcionamos como individuos”, explicó el artista. “Uso mucho los monumentos de Lima porque son construcciones que guardan la memoria de personajes y hechos, y ayudan a construir una idea de quiénes somos y lo que entendemos como identidad nacional”.
La obra de Maita, cargada de simbología nacional, demuestra que la identidad nacional no es un concepto cerrado ni estático. “Así como nosotros no somos la misma persona que fuimos hace años, nuestra identidad colectiva también se va transformando según lo que atravesamos como sociedad”.
Su taller alberga la etapa de investigación, en la que revisa lecturas y videos, hace bocetos y define los pormenores de las piezas. También suele extender el proceso fuera del espacio del taller: conversa con sus amigos, les comparte su idea y recibe feedback para nutrir su práctica. Pero, en su espacio de Magdalena, prefiere la concentración. Cuando termina su jornada, Jorge Eduardo tiene un ritual: limpia, organiza y deja todo listo para el día siguiente. Así puede empezar sin perder el tiempo.


“Al principio, mi mirada sobre la historia era crítica y partía de cierta resignacion. Entendía cada proceso histórico como independiente: un capítulo que iniciaba, se desarrollaba, terminaba y era reemplazado por otro. Ahora entiendo la historia como un cúmulo de procesos que se van conectando. Eso ha cambiado mi manera de trabajar: ahora, una derrota deja de ser un final definitivo, para contener posibilidades. Mi mirada ahora tiene más impulso por imaginar qué podemos construir a partir de estos procesos”.
El artista conectó con el interés de Armando Paredes por el arte y por mirar la ciudad desde distintas perspectivas. Por eso, colaboró con Armando para crear una serigrafía inspirada en su edificio Libertad. En la composición de Maita, se encuentra la estatua de la Libertad de la Plaza Francia, donada en 1926 por la embajada francesa, y la iglesia de los Sagrados Corazones de Jesús y María, fundada en 1606. “Los proyectos de Armando Paredes integran la dinámica de la ciudad con sus edificios y eso me gusta. Además, acercan el arte al público”, dijo Jorge Eduardo.




Por estos días, en su taller, sigue produciendo piezas para su proyecto “Hemos mordido un pedazo de kion pensando que era pollo”, cuya primera parte presentó en Pasaporte para un artista 2024, y que devendrá en una futura exposición individual, como una narrativa de la identidad nacional que siempre tiene algo que contar.